Alfi, ¿Qué sucedió?


Por Rocío Latorre (@imrocioandrea)
21/07/14

Cuando iba en primero básico, fui de paseo con mi curso a la fábrica de Marinela e Ideal. Fue todo súper entrete y bacán, de hecho en una parte del recorrido llegamos a una cocina gigante y habían muchos mankekes en fila: cada uno nos pusimos delante de uno y teníamos que rellenarlo con ese manjar exquisito contenido en una jeringa gigante que pasaba de niño en niño; cuando me tocó a mí, rellené con todo el manjar que quedaba y puse cara de Oops, i did it again. Cuento corto, el monitor trajo otra jeringa y yo me comí un mankeke rebosante de manjar.

Al salir nos regalaron una bolsa llena con productos de ambas marcas (el de Ideal era fome porque era una bolsa de pan de molde) y entre todas esas cosas venían los hasta ese entonces deliciosos Alfi. Creo que fue la primera vez que los probé y me volví fan porque eran baratos, venían de a dos (y algunas veces de tres) y tenían un buen tamaño para mi estómago de niña de 7 años.

Los cambios en nuestros productos favoritos no son una novedad, yo podría asegurar que la Coca-Cola hace 10 años sabía diferente a lo que es ahora o que las Negritas antes eran más ricas, pero vamos al producto que nos convoca.

Los Alfi eran (sí, ERAN) uno de mis productos favoritos de dicha marca y al parecer, este sentimiento era compartido con el gerente de Oldiegrant
Decidí hacer un acto de periodismo en primera persona y comprobar las palabras del Big Boss Sebastián Briceño: Inmediatamente me di cuenta del cambio de imagen, pasó de un tierno alfajor en scooter a un alfajor con cara (y color) de zorrón en Reñaca, perrits y #una se pregunta ¿¡QUÉ IMAGEN LE QUIEREN DAR A NUESTROS NIÑOS!? 

No, pero ahora más en serio en serio. Aunque siempre el sabor determina nuestro gusto por ciertos alimentos, la imagen constituye lo más visible de un producto pues genera cierta asociación y confianza en él; si no fuese importante, la discutida Ley Superocho no sería tema (y no existirían los publicistas)


Como decíamos anteriormente, el cambio de imagen podría ser un pelo de la cola, algo pequeño e irrelevante si el sabor fuese el mismo pero lamentablemente no es así: esa masa de galleta suave de las tapas que componían el pequeño alfajor ya no es tal, dura como piedra, sin sabor y se desmiga solo.

Si en un pan con jamón el rey es el jamón, en un alfajor el rey es el manjar y el manjar -que yo creo que era lo que más definía ese sabor a Alfi- pese a  que nunca tuvo una consistencia tan pegajosa/líquida era rico, con una textura media granulada. Ahora ese mismo manjar viene reseco, ni siquiera se logra percibir que es manjar. Para qué hablar de la “cobertura” de sucedáneo de chocolate, cada vez es menor, parece ser proporcional a la reducción de tamaño de los alfajores a lo largo del tiempo. 

Para nosotros (y nosotras), sibaritas C3 que con luca te hacemos maravillas en los recreos/breaks/ventanas –suponemos que ustedes también lo son- este nefasto cambio en el sabor es un atentado a la moral y a las buenas costumbres, pero francamente ya no nos sorprende que las marcas arruinen nuestros productos favoritos (sí, a ti te hablo Chocapic).

Para finalizar esta investigación de largo aliento, decidí probar un Alfi por última vez (PORQUE COMPRÉ UNA TIRA ENTERA) y no hay palabras para describir la mega sorpresa que me llevé:

ADVERTENCIA: ESTO DE VERDAD PASÓ AL FINAL DE LA INVESTIGACIÓN Y QUEDÉ NEGRA.

Marinela, no espero que tu hegemonía en las colaciones de los niños de básica decaiga ni que tus acciones se desplomen, pero por esto y por muchas cosas más (como prometer que si meto el Gansito al refrigerador queda más rico, MENTIRA SE PONE DURO) hoy no hay ningún homenaje para ti, solo repudio y mucha decepción.

“Onda, apréndele al alfajor Laguito o a algún alfajor Fruna”.



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